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Obispos y familias protestan en El Paso por detenciones arbitrarias y deportaciones masivas

Por Fernando Ceniceros / The Rio Grande Catholic

EL PASO, Texas (OSV News) — El 24 de marzo, para conmemorar la festividad del mártir San Óscar Romero, cientos de personas se unieron a una marcha y vigilia en el centro de El Paso, encabezadas por el obispo de El Paso, Mark J. Seitz, y otros obispos católicos, clérigos y organizaciones, para pedir el fin de las deportaciones y detenciones masivas.

El Paso alberga uno de los mayores centros de detención masiva de los Estados Unidos. Desde mediados de diciembre, hasta tres personas acusadas de infracciones relacionadas con la inmigración han perdido la vida –incluido un caso dictaminado como homicidio– en Camp East Montana, ubicado en el extremo este de El Paso.

El obispo Seitz, quien a principios de marzo publicó una carta pastoral sobre las deportaciones y detenciones masivas, encabezó la marcha junto con el obispo Anthony C. Celino, obispo auxiliar de El Paso, y otros obispos católicos, entre ellos el obispo Brendan J. Cahill de Victoria, Texas, presidente del Comité de Migración de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés), el obispo Guadalupe Torres Campos, de Ciudad Juárez, México, y el obispo Evelio Menjívar, obispo auxiliar de Washington.

Hope Border Institute y Estrella del Paso también participaron como socios para unir a la comunidad local de El Paso en torno a la marcha y la vigilia.

En el evento, el obispo Seitz reiteró el llamado de su mensaje pastoral para poner fin a las detenciones y deportaciones masivas.

“Nos reunimos para orar y mostrar la preocupación de nuestra comunidad. Esperamos que esto impulse a nuestros líderes a pensar: ‘Quizás hemos ido demasiado lejos'”, dijo.

El obispo señaló datos del gobierno que muestran que más del 70% de las 68.000 personas detenidas por motivos migratorios no tienen condenas penales.

“Es una grave injusticia encarcelar a personas que hicieron lo necesario para sobrevivir y cuidar de sus familias”, dijo. “No estamos de acuerdo con este proceso de detención masiva”.

La campaña de la administración Trump para avanzar la detención masiva y la deportación de inmigrantes que han vivido y trabajado en EE.UU. sin autorización legal durante años afecta gravemente a la población católica.

Se prevé que la mayoría de las personas a las que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) tiene en la mira para su detención masiva y posterior deportación sean católicas en seis de cada diez casos, según un informe conjunto católico-evangélico de 2025 publicado por la USCCB y World Relief. También se constató que los cristianos constituyen el 80% de las personas en riesgo de ser afectadas por la campaña de deportación masiva del presidente Donald Trump. El informe también reveló que casi uno de cada cinco católicos (18%) en los EE.UU. es vulnerable a la deportación o vive con alguien que lo es.

La administración de Trump también ha actuado de manera agresiva para eliminar las protecciones legales temporales de cientos de miles de venezolanos y haitianos, poblaciones típicamente católicas, exponiéndolos a la posibilidad de una detención masiva y la deportación a condiciones peligrosas e inestables en sus países de origen.

El obispo Seitz expresó su esperanza de que las acciones de protesta civil y pacífica llamen la atención sobre la injusticia de las detenciones y deportaciones masivas.

“Esperamos que acciones como esta despierten la conciencia de las personas y les hagan darse cuenta de que estas personas que están amenazadas en este momento son sus vecinos, y si son cristianos, estas personas son sus hermanos y hermanas”, dijo.

El obispo Menjívar hizo un llamado a todos a ver la frontera como un lugar de encuentro con el Señor Jesucristo.

“La frontera es un lugar de encuentro y conversión”, dijo. “No es solo una cuestión de empatía, sino de identidad cristiana. Estados Unidos es un país de inmigrantes, y cuando olvidamos eso, perdemos el sentido de quiénes somos como pueblo”.

El obispo Menjívar, el primer obispo nacido en El Salvador en Estados Unidos, realizó varios intentos de emigrar a Estados Unidos cuando era joven, en 1990. Tuvo varios trabajos antes de ingresar finalmente al seminario en 1999 y ser ordenado sacerdote para la Arquidiócesis de Washington en 2004. Se convirtió en ciudadano estadounidense en 2006 después de solicitar asilo y obtener un permiso de trabajo.

“Si alguno de ustedes ha hecho algo para ayudar a un migrante que busca desesperadamente mejorar su vida en este país, quiero darle las gracias”, dijo. “Ese inmigrante podría haber sido yo mismo”.

Al llamar la atención sobre la última homilía que San Óscar Romero pronunció el día antes de ser asesinado, el obispo Menjívar estableció un paralelismo entre el llamamiento de San Romero a su gobierno y el llamamiento que ellos hacen ahora a los funcionarios del gobierno de Estados Unidos.

En su última homilía dominical, el día antes de ser asesinado, San Óscar Romero hizo un llamamiento especial a los agentes del gobierno: “Les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión…!”, exclamó el obispo Menjívar, recordando las palabras de San Romero. “Esto es lo mismo que decimos y exigimos hoy. Cese la represión. Basta ya de injusticia, de inhumanidad, pero también basta ya de tanta indiferencia. Es hora de despertar. Es hora de unirnos, sin miedo, con valor, con fe”.

El Paso es la sede actual de Camp East Montana, un centro de ICE que actualmente puede albergar hasta 3.000 personas detenidas –el 70 % de las cuales la Diócesis de El Paso cree que son católicas y requieren atención sacramental y pastoral– y que fue contratado para albergar hasta 5.000. En los últimos meses, el centro ha sufrido un brote de sarampión, tras brotes de COVID-19 y tuberculosis.

Durante una manifestación previa a la marcha por las calles del centro, Melissa López, abogada y directora ejecutiva de Estrella del Paso, el ministerio diocesano para migrantes y refugiados, llamó la atención sobre la rapidez con la que se ha agravado el problema de la detención masiva en la región de El Paso.

“Cuando empecé este trabajo hace más de 18 años, teníamos 700 camas de detención en El Paso”, dijo López. Ahora, dijo, la región cuenta con “7.000 camas de detención”.

“Nos hemos convertido en la capital de la detención del ICE”, añadió. “No queremos ser conocidos como la comunidad donde se detiene a más personas, donde la gente no recibe información básica sobre sus derechos, ni la representación legal básica a la que tienen derecho y que merecen como seres humanos. Nos estamos fortaleciendo como comunidad que va a seguir oponiéndose a la deportación masiva y a la detención masiva”.

The New York Times, citando documentos internos del Departamento de Seguridad Nacional a los que había tenido acceso, informó el 18 de febrero que el gobierno pretende adquirir unos 20 almacenes para los centros de detención, con el objetivo de alcanzar un total de 92.600 camas.

En un comunicado del 20 de febrero publicado por la USCCB, el obispo Cahill dijo que el plan del gobierno de “retener a miles de familias en enormes almacenes debería desafiar la conciencia de todos los estadounidenses”.

“Sea cual sea su situación migratoria, se trata de seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios, y esto supone un punto de inflexión moral para nuestro país”, afirmó.

Dylan Corbett, director ejecutivo del Hope Border Institute, explicó por qué la marcha se concentra en el problema de la detención y deportación masivas.

“¿Por qué marchamos? Porque cuando alzamos nuestras voces, cuando tendemos la mano con fe”, dijo Corbett, “cuando marchamos juntos hacia ese lugar al que Dios nos lleva, en el camino hacia la reforma migratoria, cuando marchamos con la justicia como nuestra brújula, la esperanza como nuestra corona y el amor como nuestra meta, cuando ponemos un pie delante del otro, nadie nos detendrá”.

Como parte de la conmemoración de la fiesta de San Óscar Romero, durante la marcha se exhibió una reliquia de primera clase: un trozo de tela manchada de sangre del día del asesinato del mártir.

Monseñor Arturo Bañuelas, oriundo de El Paso y uno de los fundadores del Hope Border Institute, expresó el significado de esta reliquia.

“Es una hermosa ocasión para que hagamos dos cosas: celebrar la inspiración que nos brinda San Óscar Romero, como obispo de la Iglesia, así como unirnos a nuestro obispo”, dijo. “El obispo Seitz nos llama a hacer lo mismo, a ser solidarios con los pobres, con los inmigrantes y también con quienes luchan por sobrevivir”.

“Existe una hermosa conexión entre vivir nuestra fe, sacramentalmente en la Eucaristía, y ver que, como parte de nuestra fe, existe un compromiso de solidaridad, pero también en la lucha diaria que enfrentan los inmigrantes hoy en día”, agregó.

El llamado a la acción del obispo Seitz se centró en las duras realidades de la detención masiva y la deportación que han devastado a la población migrante en los Estados Unidos.

“Llegaron sin documentos, tal vez, o quizá se quedaron aquí después de que sus documentos expiraran. Nosotros, como nación, no les dimos la oportunidad de regularizar su situación”, añadió.

“A veces estaban en proceso de legalización, y eso les fue arrebatado por las acciones de esta administración. Creemos que es una gran injusticia encarcelar a personas que han hecho cosas que, en muchos casos, eran necesarias para preservar su vida y la de su familia”, dijo.

La doctrina social católica sobre la inmigración busca equilibrar tres principios interrelacionados: el derecho de las personas a migrar para mantenerse a sí mismas y a sus familias; el derecho de un país a regular sus fronteras y la inmigración; y el deber de una nación de llevar a cabo esa regulación con justicia y misericordia.

Los obispos católicos de EE.UU. señalaron en un mensaje especial promulgado en noviembre que la doctrina de la Iglesia sobre la inmigración “se basa en la preocupación fundamental por la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. (Génesis 1:27)”.

Los obispos también condenaron “la deportaciones masivas e indiscriminadas”, una postura respaldada por la enseñanza magisterial de la Iglesia al más alto nivel. La encíclica de San Juan Pablo II de 1993 “Veritatis Splendor” (“Esplendor de la Verdad”) y la encíclica de 1995 “Evangelium Vitae” (“El Evangelio de la Vida”) citan la enseñanza del Concilio Vaticano II en “Gaudium et Spes”, que condena todo “cuanto ofende a la dignidad humana”, como “las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones”, entre otras cosas. El Concilio las califica de “oprobios que, al corromper la civilización humana, deshonran más a quienes los practican que a quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al Creador”.

La enseñanza papal en “Veritatis Splendor” reforzó las condenas morales del Concilio, afirmando que estos actos son ejemplos de “mal intrínseco” incapaces de ser ordenados a Dios o al bien de la persona humana.

Un informe de ProPublica publicado el 23 de marzo, el día antes de la marcha y la vigilia de El Paso, señaló que la campaña de deportaciones masivas de la administración Trump ha llevado a la detención de los padres de 11.000 niños que son ciudadanos estadounidenses. Se señaló que las detenciones de padres por parte de ICE se han duplicado en la segunda administración de Trump en comparación con la administración anterior de Biden, y que la administración de Trump “deporta aproximadamente cuatro veces más madres de niños ciudadanos estadounidenses por día que lo hizo Biden”.

“Esperamos crear conciencia sobre lo que realmente está sucediendo en estos momentos: el sufrimiento que la gente está atravesando, el dolor que están experimentando”, dijo el obispo Seitz. “Esperamos que todos los cristianos puedan encontrarse con Cristo en los ojos de los pobres y de las personas que están sufriendo”.

Pie de foto: Católicos y otros manifestantes sostienen pancartas con fotografías y nombres de personas que fallecieron en circunstancias relacionadas con la migración, mientras participan en una protesta en El Paso, Texas, el 24 de marzo de 2026, en contra de las deportaciones masivas y las políticas migratorias de la administración Trump. Se puede ver al obispo Mark J. Seitz de El Paso –situado al centro y portando un solideo episcopal– participando en la protesta. (Foto OSV News/Jose Luis Gonzalez).

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