Por: Diana Torres-Rivera
Especial para Revista Católica Dallas
En medio del ritmo acelerado de estos tiempos, ser madre puede sentirse como vivir corriendo entre compromisos, horarios, trabajo, escuela y responsabilidades del hogar. La vida avanza deprisa, y a veces parece que apenas tenemos tiempo para detenernos. Sin embargo, en medio de ese vaivén, la maternidad nos recuerda lo más importante. Ser madre no es solo cumplir tareas; es responder a una vocación, a un llamado de Dios a la santidad a través del amor cotidiano.
La maternidad transforma la mirada. Desde el momento en que una mujer se convierte en madre, el mundo cambia de foco. La vida deja de girar solamente en torno a una misma, porque un trozo del corazón vive fuera de nosotras. En nuestros hijos descubrimos una responsabilidad inmensa y una gracia profunda: colaborar con Dios en la formación de una nueva generación. En nuestra perseverancia, en nuestra forma de enfrentar las dificultades y en nuestra alegría de vivir de la mano de Dios, ellos aprenden a mirar el mundo.
Pero esta vocación también nos recuerda un deber importante: no dejar de ser mujeres. La maternidad no borra nuestra identidad; la transforma. Estamos llamadas a redescubrirnos en esta nueva etapa, a crecer, aprender y cuidarnos. El sacrificio es parte del amor materno, sí; pero no está reñido con el equilibrio ni con el amor propio. Cuando nos cuidamos, cuando nutrimos nuestra fe, nuestra mente y nuestro corazón, también estamos cuidando a nuestra familia. Una madre en paz, sostenida por Dios, es fuente de estabilidad y alegría para su hogar.
En este camino, las mujeres de la Escritura son ejemplo y guía. Fueron las primeras en llegar al sepulcro; no perdieron la fe y recibieron con alegría la Resurrección. Nos enseñan la fidelidad que permanece incluso en el dolor.
Y entre todas ellas, María ocupa un lugar único. Miró a Jesús con amor profundo, aun en los momentos más difíciles. Creyó en Él primero que nadie y dijo sí al plan de Dios. En Caná, animó el primer milagro y nos dejó una guía clara: “Hagan lo que Él les diga”.
Este mes de mayo, detengámonos en medio de la prisa. Contemplemos a Cristo resucitado y pidámosle la paz y la fortaleza para vivir nuestra vocación con equilibrio, fe y amor, sembrando esperanza en el corazón de nuestros hijos y en el futuro de nuestra comunidad.
Diana Torres-Rivera es la directora interina de la Academia Católica Santa Clara de Asís en Dallas.
Pie de foto: Una madre besa a su hijo mientras espera junto a otros feligreses, el inicio de la misa dominical del Día de las Madres, el 11 de mayo de 2025, en la Catedral Santuario Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe en Dallas. Foto Archivo RC/Ben Torres












