Por: R.P. Marco Rangel
Especial para Revista Católica Dallas
¿Qué tipo de imágenes o memorias vienen a nuestra mente cuando escuchamos la palabra Pascua? ¿Quizás la resurrección de Cristo? ¿Quizás colores blancos o pasteles? ¿Quizás un conejo, huevos de varios colores o la primavera? ¿Quizás celebraciones familiares?
Para mí, desde pequeño ha sido el recuerdo de que después de participar en la santa misa, nos íbamos como familia al parque a disfrutar de una gran celebración en la que no faltaba la carne asada, el fútbol y la cacería de los huevos pintados rellenos de dulces.
No fue hasta que me convertí en un adulto que empecé a reconocer, asociar y valorar los elementos de nuestra fe como lo más importante de la celebración de la Pascua.
Pero algo que a veces se nos olvida es que la Pascua no se celebra solamente en el Domingo de Pascua, si no que la celebramos cada domingo del año.
Todo domingo es día de resurrección de Cristo y es por eso que, como católicos para nosotros el domingo es el día más importante de nuestra semana: es el primer día y el que rige la semana que viene para nosotros.
Por eso debemos comenzar nuestra semana en buen pie asistiendo a la santa misa, recibiendo la Palabra de Dios y Eucaristía para recibir la fuerza que nos ayudará a enfrentar lo que vendrá. De otra manera estaremos careciendo y teniendo más dificultades todavía en la vida cotidiana.
Es aquí entonces donde también podemos experimentar esas pequeñas ‘Pascuas’, es decir, en nuestra vida diaria.
Quizás no lo vemos de esa manera, pero a diario, Dios nos invita a dar testimonio de la resurrección. Por ejemplo en la manera en que perdonamos al prójimo.
Recordemos como Cristo, después de la resucitar y al regresar a ver a sus apóstoles, sus amigos más cercanos, no los condenó por abandonarlo, si no que los anima a vivir en ese espíritu de la resurrección que da valor e impulsa a seguirlo más fielmente. Igualmente en la manera en que mantenemos nuestra esperanza en momentos o situaciones difíciles, confiando en que Dios está con nosotros.
Acuérdense que no hay día de la resurrección sin Viernes Santo de la crucifixión.
A veces queremos vivir solamente en la gloria de la resurrección, pero se nos olvida que no hay cristianismo sin la cruz.
Es por eso que enfrentar sufrimientos y dificultades con fe, pidiéndole a Dios no que nos quite esas cruces, si no que nos de las fuerzas para cargarlas, que ahí demostramos nuestra fe en lo que vendrá, ¡La gloria de la resurrección!
Incluso cuando vivimos una de las experiencias más difíciles como es experimentar la muerte de un ser querido.
Ahí, sobre todo, en el confiar que vendrá la resurrección de los muertos, damos testimonio al poner en las manos de Dios a nuestros seres queridos confiando en su promesa.
Así como la Virgen María, después de ver a su hijo amado sufrir, morir y ser depositado en la tumba, tiene que esperar tres días para ver du resurrección.
Animo pues hermanos ¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya, aleluya!
El reverendo Marco Rangel es el párroco de la Iglesia de San Miguel Arcángel en Grand Prairie.












