De la misma manera que la parroquia tiene el deber de servir a la comunidad, la escuela parroquial es parte esencial de ese mismo ambiente de servicio y misión. La escuela también tiene el deber de servir a la comunidad a la que pertenece, y su labor no puede entenderse separada de la vida parroquial. Por eso, construir puentes entre parroquia y escuela no es un detalle secundario, sino el primer paso para asegurar el éxito de la tarea evangelizadora y educativa que compartimos.
Las virtudes teologales —fe, esperanza y caridad— son un regalo de Dios que fortalece nuestra alma y nuestro ánimo en un mundo lleno de contrariedades y obstáculos.
La esperanza, entendida como la creencia inherente de que el futuro será mejor que el presente, se ilumina con la fe y con el amor que crece en nosotros a través de la vida sacramental.
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