Por Violeta Rocha
Especial para Revista Católica Dallas
DALLAS— Para la familia Moreno y la familia Medellin la celebración de la jamaica anual en la escuela católica de Santa María del Carmelo (SMC, en inglés), se ha convertido en una oportunidad para retribuir al plantel con gratitud por la educación de sus hijos.
“Poder estar juntos y unidos a otras familias trabajando para ver la escuela crecer cada vez más, es muy bello”, dijo Linda Moreno, originaria de Jalisco, México.
Sus hijos, Kevin de 15 años y Bryan de 20, llevan ya una década ayudando a su madre en la preparación de aguas frescas que se venden en el festival de la escuela, celebrado cada otoño.
Este 2026 la jamaica de SMC se realizó el 20 de septiembre.
Moreno y sus hijos hicieron aguas de horchata, jamaica, limonada, piña, tamarindo y sandía para unas 150 personas.
El festival es una tradición que estudiantes, maestros y padres de familia esperan cada año en esta escuela del oeste de Dallas.
PILAR DE ESPERANZA
“Fueron las Hermanas del Espíritu Santo quienes comenzaron esta jamaica para hacer comunidad y al mismo tiempo reunir fondos para la escuela”, explicó Víctor Argueta, director de SMC.
El plantel sirve mayoritariamente a familias de origen hispano con ingresos limitados. El director Argueta dijo que los fondos derivados de la jamaica “son pilar para poder ofrecer educación católica a estudiantes de familias que no pueden pagar por ella”.
El trabajo y la comida que se vende “es donación de las familias, es muy poco lo que la escuela invierte para la jamaica,” dijo agradeciendo la dedicación de los padres de familia, incluso de aquellos que ya vieron a sus hijos graduados de SMC.
Para los Moreno, la escuela tiene un lugar especial entre los suyos.“La escuela dejó una semilla sólida”, dijo Linda Moreno.
“La fe en Dios y la unión que hicieron sentir a mi hijo, hicieron que para nosotros la escuela SMC se convirtiera en nuestra segunda familia”, agregó.
Al igual que las aguas frescas, las gorditas son emblemáticas en la jamaica de SMC, desde hace siete años, cuando Noelia Medellin inscribió al mayor de sus cuatro hijos en el plantel y se vinculó para ayudar en el festival.
Dos de sus hijos continúan estudiando en SMC y dos son exalumnos.
Alrededor de 12 familias donan su tiempo y trabajo para elaborar unas 500 gorditas.
“Tenemos la parrilla afuera para que el aroma atraiga a la gente y que nos vean que estamos haciendo las gorditas a mano y frescas al momento”, contó Medellin.
Independientemente del cansancio, ayudar “es muy gratificante” porque “somos una familia y todos trabajamos unidos”, dijo quien es originaria de San Luis Potosí, México.
Cada otoño las familias Moreno y Medellin reafirman con sus preparaciones y voluntariado, la gratitud que sienten con el plantel que ha educado a sus hijos.
A Medellin esta tradición de la jamaica, la llena de orgullo y de optimismo hacia el futuro.
“No es como decir ‘ya terminé la escuela y ya me voy’, sino que permanece el deseo de seguir trabajando juntos, impulsando una tradición que mantiene generaciones unidas porque nos queda la gratitud por todo lo que recibimos”, concluyó.
Pie de foto: Juan Ruiz (Izq), Noelia Medellin, Juana Ruiz y Maria Gonzalez preparan gorditas en el festival de la escuela de Santa María del Carmelo (SMC), el pasado 20 de septiembre. (Foto: Especial para RC/María Olivas)












