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Una vocación que florece entre raíces compartidas

Con la misma herencia de su comunidad, el padre César García, acompaña a los jóvenes hispanos en la fe, la convivencia y la alegría del deporte.

Por Violeta Rocha
Especial para Revista Católica Dallas

En su juventud, el padre César García ingresó a la universidad de Santa María en San Antonio, buscando hacerse doctor o ingeniero, pero fue en la distancia que sintió con más fuerza la inquietud que abrigaba desde niño en su corazón. Era la voz de Dios.

Siguiendo esa intuición buscó la ayuda de su párroco en la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en aquel tiempo, el reverendo Cruz Calderón, quien lo ayudó a discernir y responder en paz al llamado del Señor.

Cursó sus primeros cuatro años de filosofía en el Seminario San José en Covington, Luisiana, junto a monjes benedictinos y realizó su año pastoral en la Iglesia de Santa Mónica en Dallas. Sus últimos cuatro años de teología los adelantó en el Seminario Nacional de la Universidad Católica de América en Washington, D.C.

Ordenado sacerdote para la Diócesis de Dallas en 2023, el padre García de 30 años, ha vivido su ministerio en conjunta conexión con los jóvenes hispanos adultos, acompañándolos en su jornada de fe, pero también en momentos marcados por la alegría del deporte.

Su servicio como capellán del grupo Faith Fitness en Español, que reúne hasta 80 jóvenes hispanos durante eventos bimestrales, lo ha convertido en un referente que guía y mantiene cerca de Dios a una comunidad que aporta vitalidad y futuro a la Iglesia.

El padre García, nacido en California y criado en el norte de Texas en el seno de una familia con herencia mexicana, llegó en julio pasado a la Iglesia de San Pío X a servir como vicario parroquial.

Conversamos con el joven sacerdote acerca de esta nueva etapa en su ministerio sacerdotal, su camino junto a los jóvenes y la expectativa de ministrar una comunidad primordialmente hispana.

¿Cómo nació su vocación?
Fue un proceso, un camino que Dios ya tenía preparado para mi. Crecí en la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y mi familia se acercó a la comunidad de Merkabá que me integró al servicio, retiros y campamentos. Ahí y en mi formación parroquial aprendí más del amor a Dios, al prójimo y la Evangelización. En la parroquia crecí junto a sacerdotes que fueron ejemplo y guía. Recuerdo que en las clases de Confirmación había un deseo grande de conocer a Dios, de apropiar mi fe. Creo que Dios ya iba formando esa semilla de mi vocación al sacerdocio.
En la preparatoria Jesuita de Dallas, los sacerdotes me inspiraron bastante, eran muy cercanos y todo eso fue aterrizando lo que era el ministerio del sacerdocio, lo hacían más practico, más humano para uno pensar y preguntarle a Dios: ¿Esto es lo que tú deseas de mi?”.

¿Quiénes acompañaron su proceso de discernimiento?
Después de graduarme de la preparatoria, quise tomarme un tiempo y fui a la Universidad de Santa María en San Antonio. Allí fue donde sentí aún más la necesidad de regresar. Entonces fui al colegio comunitario en Dallas y quise seguir discerniendo de manera más intencional. Fue cuando tuve conversaciones con el reverendo Cruz Calderón, mi párroco de ese entonces. Él me ayudó a visualizar la vida parroquial y me ayudó en mi discernimiento. Ahora yo viéndolo, con todas las experiencias, disfruto mucho la parroquia, amo lo que hago, lo que soy, lo que Dios me ha dado. Dios me prestó todas esas experiencias para que yo pudiera decirle al final: ‘sí Dios, lo que tú quieres para mi, yo también lo quiero’.

¿Qué le aportó a su formación haberse formado en diferentes seminarios?
Cargo conmigo la experiencia de los seminarios en que he estado, y las espiritualidad que he recibido de cada lugar y de cada orden. En la preparatoria estuve con los sacerdotes Jesuitas y tuve la espiritualidad de encontrar a Dios en todo y con todos, como San Ignacio decía “todo es para la Gloria de Dios”. Esa espiritualidad yo la llevé al seminario, encontrándome con la de los Benedictinos, que habla de la estabilidad, de la oración contemplativa, de los Salmos, de la Liturgia. También pude experimentar otra espiritualidad con los Sulpisianos, muy devotos a nuestra Madre. Siempre dedicando todas sus labores a María, que es nuestra intercesora y nuestro modelo para seguir a Cristo. Entonces en cada seminario que he estado y experiencia de fe, me ha marcado, desde la vida y espiritualidad de San Ignacio, de San Benedicto y el fundador de los Sulpisianos, el padre Jean-Jacques Olier, han sido también pilar para mi fe.

¿Cómo llega a ministrar a los jóvenes adultos en Faith Fitness en español?
Se dio de forma natural, creo que Dios me fue poniendo en contacto con los jóvenes adultos que ya conocía por haber compartido con ellos experiencias como los eventos 635 de la Diócesis de Dallas. Siempre he intentado aterrizar el misterio del sacerdocio a la tierra, que puedan convivir con un sacerdote y tratar de crecer juntos en la fe y caminar con ellos. Cuando se me presentó la oportunidad de ser capellán, naturalmente dije que sí, es lo que he estado haciendo y quiero hacer mucho más. Creo que el corazón que tengo es para servir a los jóvenes también. La intención es que la Iglesia vaya a donde están los jóvenes y que miren y puedan experimentar la presencia de la iglesia a través del sacerdote.

¿Qué significa llegar a una comunidad primordialmente hispana como es la de San Pío X?
Me identifico con muchas de las familias que vengo a servir. Son familias inmigrantes y muy trabajadoras. Yo me veo en ellos, en sus familias, en sus jóvenes y deseo servirles con un corazón agradecido a Dios por la oportunidad. Llevo conmigo mi experiencia de fe, mi cultura, todo lo que ha sido mi formación. Como hispano puedo decir que Dios pudo cultivar un sacerdote de una familia y que si Dios quiere, que esa sea la realidad para mucho más familias, que Dios pueda obrar en ellos así como obró en mi familia.

Pie de foto: El padre Cesar García es e actual vicario de la Iglesia de San Pío X en Dallas. Foto: Especial para RC/Ben Torres

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