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Una vida sencilla y un testimonio de amor

Por: Ilzydora Hernández
Especial para Revista Católica Dallas

DALLAS — En la parroquia del Santísimo Sacramento de Dallas, Amalia Macias es reconocida como una mujer de profunda devoción y servicio. Este año Macías hace parte del grupo de servidores que en la Diócesis de Dallas, que fueron honrados con el Premio del Obispo al Servicio el 11 de abril en la Catedral Santuario Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe.
Los Premios del Obispo al Servicio son un reconocimiento anual establecido en 2012, que distingue a voluntarios laicos por su servicio en la la Diócesis de Dallas. Nominados por pastores o personal parroquial, los galardonados son un ejemplo de amor por el servicio y entrega al prójimo.
Nacida en Guanajuato, México, Macias creció en una familia numerosa, siendo una de once hermanos. Desde temprana edad desarrolló el valor del sacrificio y la importancia de poner siempre primero a los demás. Esta virtud la llevó a cultivar el amor, aprendiendo a tratar a los demás como la propia imagen de Dios.
Su jornada de fe en Dallas comenzó en 1997 cuando se unió a la vida parroquial de la Catedral a través del grupo juvenil. Años después, en 2010, encontró su hogar espiritual en la parroquia del Santísimo Sacramento, donde Dios comenzó a llamarla a crecer como servidora.
AMANTE DE DIOS
Su trayectoria de servicio no comenzó con un reconocimiento, sino con un simple sí. Ingresó al ministerio como lectora y lo que empezó como un acto de servicio pronto se multiplicó. Ese ‘sí’ se transformó en un llamado mayor que la llevó a convertirse en ministra de Eucaristía. Con el deseo de que los niños crecieran en la fe, más tarde se hizo catequista.
Hoy, más de dieciséis años después, Dios sigue obrando a través de Macias para llegar a los demás y reflejar su amor. Ella sirve como lectora, ministra de Eucaristía, forma parte del comité del aniversario 125 de la parroquia, es coordinadora de la fiesta parroquial y miembro del comité de finanzas.
Su vida espiritual está profundamente arraigada en la Adoración Eucarística. Es allí, en los momentos de oración silenciosa, donde encuentra fuerza y guía. Su devoción se extiende a Nuestra Señora de Guadalupe, a quien honra con oraciones diarias, pues para ella la Virgen María nunca abandona a los fieles.
Su motivación para servir proviene de un profundo sentimiento de gratitud.
“Estamos aquí para servir, no para ser servidos”, dice . Este principio, moldeado por la gracia y el Espíritu Santo, refleja su deseo de permanecer dócil y obediente a Dios.
Macias cree que todo lo que ha recibido de Dios debe ser compartido. Su fe se ha fortalecido gracias a los milagros, especialmente la supervivencia de sus hijos prematuros, quienes fueron criados con devoción y ahora sirven como monaguillos.
El padre Jimwell Goyo, párroco de la Iglesia del Santísimo Sacramento y quien nominó a Macias para el Premio del Obispo al Servicio, ha sido testigo de su crecimiento y admira su dedicación y comprensión de la fe católica.
El sacerdote describió a Macias como “obediente, humilde y siempre dispuesta a ayudar a los demás”.
“Es una trabajadora silenciosa, pero sus acciones hablan por sí solas”, dijo el padre Goyo sobre Macias. Cuando se le pidió que la describiera, respondió: “Amante de Dios”.
Hay una sencillez en la fe de Macias que deja una huella imborrable, al convertirse ella en un instrumento del amor de Dios.
Macias se esfuerza por tratar a todos con compasión y dignidad, creyendo que incluso los actos de bondad más pequeños conllevan la presencia de Dios y que todo aquello lleno de Su amor tiene el poder de generar un cambio.

Pie de foto: El obispo Edward J. Burns entrega una medalla a Amalia Macias, feligresa y ministra de eucaristía en la Iglesia del Santísimo Sacramento en Dallas, durante la entrega de los Premios del Obispo al Servicio 2026, el l 11 de abril, en la Catedral Santuario Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe en Dallas. (Foto: RC/Michael Gresham)

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