Su crianza y su idioma natal, han hecho posible para el padre Felipe Vives, ministrar mejor a su comunidad.
Por Ilzydora Hernández
Especial para Revista Católica Dallas
GRAND PRAIRIE – Desde los 16 años, el padre Felipe Vives comenzó a experimentar un llamado que, con el tiempo lo llevaría al sacerdocio.
Fue durante un retiro del Camino Neocatecumenal cuando su inquietud tomó un nuevo sentido. El retiro estaba basado en el llamado que Dios hizo a Abraham para dejar su tierra y ponerse en camino.
“En ese momento tenía mis luchas, sentía que Dios me decía lo mismo: ‘Deja tu tierra, ponte a caminar’”, recordó el sacerdote que hoy sirve como vicario en la Iglesia de la Inmaculada Concepción en Grand Prairie. “Yo sentí que Dios me llamaba a hacer su voluntad”, agregó.
CERCANÍA PASTORAL
Oriundo de Costa Rica en Centroamérica, el padre Vives se crió en en el pueblo de Concepción de Tres Ríos en San José.
El tercero entre cinco hermanos, sus padres se acercaron a la Iglesia cuando comenzaron a participar en el Camino Neocatecumenal.
El sacerdote afirma que esta experiencia influyó en su camino de fe.“Recibí mis sacramentos cuando mis padres estaban más involucrados y eso me ayudó muchísimo”, recordó.
El padre Vives pasó su infancia rodeado de primos y hermanos, con viajes a la playa y paseos en bicicleta.
Después de discernir su llamado, Vives comenzó a participar en encuentros vocacionales que lo ayudaron a dar los siguientes pasos hacia el sacerdocio.
En 2007 fue asignado al Seminario Redemptoris Mater de Dallas para recibir su formación sacerdotal. El 5 de junio de 2021 fue ordenado sacerdote para la Diócesis de Dallas.
Amante del fútbol y apegado a la vida comunitaria que experimentó en Costa Rica, el sacerdote conserva una expresión que le recuerda a su tierra natal: “Pura Vida”.
En ella resume buena parte del espíritu que lo guía.
“Significa disfrutar la vida y valorar la familia. También implica cuidar la naturaleza y agradecer y proteger lo que Dios nos ha dado”, comentó.
Su experiencia y sus raíces ‘ticas’ también forman parte de la manera en que vive su ministerio con la comunidad hispana en Dallas.
“Tengo la capacidad de ser más abierto y más cercano a la comunidad hispana a través de mi idioma”, explicó.
Ser uno más entre la comunidad que ministra, lo ha acercado a los fieles de su parroquia.
“Al ser un sacerdote hispano nos transmite sus raíces con amor y sencillez”, comentó Jasmin Madrid, feligresa de la Inmaculada Concepción desde hace 20 años. “Esto hace que nuestra comunidad se enriquezca”, agregó.
Artemio Arzola, quien ha sido feligrés desde la década de los 80, percibe en el padre Vives un vínculo que estrecha los lazos de pertenencia con la Iglesia.
“En el poco tiempo que lleva aquí, se ha familiarizado con nuestras necesidades como hispanos migrantes. Nos hace sentir que estamos en la misma sintonía”, dijo.
“Me gusta su forma de ser, de acercarse con nosotros con serenidad y su forma de profundizar la misa, eso nos anima como hispanos”, comentó Uriel Arzola, feligrés desde 1991.
El padre Vives considera su herencia costarricense y su lengua materna como ayudas para acercarse a la comunidad hispana y acompañarla en su vida de fe.
“Es estar disponible para la gente, si alguien necesita hablar, si la gente necesita un consejo, quiero que ellos sientan que estoy disponible para todos”, concluyó.
Pie de foto: En su ministerio, el padre Felipe Vives, usa la expresión típica costarricense de ‘Pura Vida’ para agradecer a Dios por la vida, la creación y la familia. (Foto: Especial para RC/María Olivas)












