Por. P. César García / Especial para Revista Católica Dallas
La frase con la que la Iglesia inaugura la Cuaresma es —”Conviértete y cree en el Evangelio”— contiene en sí misma todo el sentido de este tiempo litúrgico y puede iluminar de manera muy concreta los sacrificios que los jóvenes están llamados a vivir.
Conviértete significa cambiar de dirección, revisar el rumbo de la propia vida. Por eso, el primer paso cuaresmal no es externo, sino interior: atreverse a mirar a la dirección propia del corazón.
Para muchos jóvenes, esto implica tomar en serio la pregunta: ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida? ¿Hacia que dirección esta tomando mi corazón y así mi vida?
Desde ahí, los sacrificios tienen más sentido. Renunciar y sacrificar son cualidades activas del camino de la cuaresma. Renunciar a las cosas y situaciones que no me ayudan a acercarme a Dios, a dedicarle más tiempo especialmente en la oración y en vivir no solo para mí sin para él en el servicio a los demás en obras de misericordia.
Es permitir que Dios entre en las decisiones concretas de la vida diaria. Por eso, la Cuaresma invita a los jóvenes a revisar sus hábitos, prioridades y actitudes, y a reconocer con humildad aquello que necesita ser transformado. La conversión es un camino espiritual desde adentro, mirando como va girando nuestro corazón en amor a Dios y al prójimo.
Entonces, los sacrificios serán las obras que deseo que me ayudarán a santificar mi vida. Podrán incluir de manera práctica; renunciar al uso excesivo del celular para dedicar tiempo a la oración o al estudio; decir no a ambientes, conversaciones o contenidos que alejan de Dios; aceptar con paciencia las responsabilidades diarias; cumplir los deberes con mayor amor y ofrecer pequeños esfuerzos y dificultades como una oración silenciosa.
La segunda parte de la frase —cree en el Evangelio— nos recuerda que la conversión no nace del esfuerzo humano solamente, sino de la gracia que proviene en confiar en la Buena Noticia de Jesucristo.
Creer en el Evangelio significa creer que hay una vida nueva que desea Jesús para mí, que él puede transformar mi vida. Al confiar en Jesús estamos creyendo lo que él vino a hacer cuando anuncio “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”, en el Evangelio de Lucas capítulo 4 versículos del 18-19.
Por eso, un sacrificio verdaderamente cristiano no se queda en “dejar algo”, sino que abre espacio para encontrarme más con el amor y misericordia transformadora de Dios: los medios que lo que facilitan son por ejemplo dedicar tiempo a la Palabra, reconciliarse mediante el sacramento de la Confesión, volver a la Eucaristía con mayor conciencia y participación, o comprometerse con el servicio a los demás. Estos sacrificios más grandes conducen a una conversión más profunda porque tocan el corazón y reordenan la dirección de la vida. La Cuaresma es una invitación a dejar que Cristo transforme lo ordinario en un camino de santidad.
El padre César García es el vicario parroquial de la Iglesia de San José en Richardson.
Pie de Foto: Una joven reza en la Catedral Santuario Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe, durante la vigilia ‘Camino a la Santidad’ realizada el 6 de septiembre de 2025. Foto: Especial para RC/Tacho Dimas/RC Archivo












