El martes 11 de septiembre de 2001, caminé desde mi auto hacia las oficinas de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos en Washington, DC. Mirando hacia la gran cúpula de la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, recuerdo haber pensado: ¡Qué día tan hermoso!
En cuestión de minutos, la rutina de aquella hermosa mañana de septiembre cambió sin previo aviso.
Comenzaron a circular noticias de que dos aviones habían impactado contra el World Trade Center en Nueva York. Luego se supo que otro avión se había estrellado contra el Pentágono, seguido del informe de que el vuelo 93 de United Airlines se había estrellado en Pensilvania.
On a September morning in 2001, now-Deacon Paul Carris of the Archdiocese of Newark, New Jersey, settled into his cubicle in a New York skyscraper — the iconic World Trade Center 1, also known as the North Tower.